Caricaturas, estampas y secuencias pictóricas: antecedentes de la narrativa gráfica contemporánea en la Ilustración y el Romanticismo.

Por Apache Pirata

Dedicado a Enrique Minjares.

Hagamos el ejercicio de imaginar por un instante un mundo en el que no existe ningún tipo de transmisión o aparato que reciba ningún tipo de onda o señal, el tráfico automovilístico es técnicamente nulo pero sus calles están atascadas de carretas, carruajes y gente andando por doquier, barullos, estridencias, gritos, silbatos, pregoneros, sí, en la modernidad del 1900 ya hay ciudades como las conocemos hoy en día, nos resultan primitivas a nuestros ojos con toda la majada que dejan los animales en las calles, y la carencia de asfalto y pocas señalizaciones. Es en ese mundo de inicios del siglo XX que lo único que brilla de forma espontánea y natural es la escasa publicidad en las calles, todo en su mínima expresión: adornar muros y paredes con tipografías, rotulados, personajes caricaturizados, ilustraciones naturalistas, imágenes que representen los productos y servicios que los particulares buscan publicitar para acrecentar sus mercados. La ciudad que podríamos imaginar es París en el año en que se inaugura la Torre Eiffel, la Ciudad Luz hace gala de sí misma, y dentro de todo el bagaje que presenta en su vida cotidiana, esta ciudad ya cuenta con la primer mascota corporativa de la historia de la publicidad: Monsieur Bibendum. Un sujeto hecho de neumáticos, llantas.

¿Qué es la caricatura? La caricatura como tal, nació en la práctica del dibujo renacentista. La personificación exagerada cuyas formas enfatizan virtudes y defectos de aquello que se retrata, su naturaleza es dionisíaca, opuesta de forma natural al dibujo de representación o de proyección, mimético y matemático, los cuales son evidentemente apolíneos, pues aunque parten de la misma estructura, una es para hacer reír, la segunda para retratar. Fue Marius Rosillon, ilustrador francés que firmaba O Galop, quién creó, diseñó al Monsieur Bibendum (no olvidar que la agitada vida parisina de finales del siglo XVIII hirvió de artistas y dibujantes desde tiempos de Toulousse Lautrec). El personaje pegó, y hasta la fecha se ostenta en varios frentes, como guía de turistas culinario que otorga estrellas, rostro de la marca e ícono cultural.

A la Caricatura le ha tomado más de tres siglos afianzarse en el vocabulario popular de manera inequívoca. Originaria de Italia, su origen se remonta al Renacimiento, al siglo XVI. Se usa para acentuar, alargar, deformar y gesticular de manera exagerada el rostro de una persona. Es a partir del auge de la misma, que la caricatura se definió como medio de comunicación, arena de batallas políticas y certificado de militancia ideológica.

Es en Inglaterra, a mediados del siglo XVII, que irrumpe en la escena popular la revista londinense “Punch or the London Charivari”, dedicada a publicar, ilustraciones, caricaturas y cartones satíricos-humorísticos-sardónicos, propaga con sus formas las ideas liberales de la época, el anticlericalismo denodado, la emancipación del intelecto de las rígidas narrativas teocráticas, la burla del estatus quo político imperante, el espíritu de la Ilustración inglesa, vive.

A esta misma revista se le otorga el crédito de acuñar el término cartoon, esto para diferenciar a las caricaturas sin contenido político de aquellas que estaban dedicadas al humor puro y duro que precisaban las batallas entre partidos y facciones en una gran parte de Europa, como ejemplo, los ingleses realizaron amplia cantidad de cartoons para burlarse de Napoleón, esa es la naturaleza de esa forma de humor gráfico estilizado en caricatura, y así se acuñó su nombre, el cartoon es, pues, un medio específico y un ambiente en sí mismo. La palabra como tal viene del italiano cartone que se refiere al cartón en el que se realiza una caricatura.

Todo esto apunta al nacimiento de uno de los rasgos que definen a la cultura occidental moderna per se, la libertad de pensamiento para narrar y narrarse a sí mismas sin las rectorías tradicionales ni las fechorías intrínsecas a todo aquello relacionado al fenómeno del Poder. Las sociedades asumen a través de la Caricatura (con su arte y desde el periodismo) la capacidad de ejercer la crítica contra “los poderosos”, este es el espíritu que marca a los pasquines*, periódicos, folletines, gacetas, a los grabados impresos, su poder y peso: son la voz del pueblo, y como diría el filósofo: la voz del pueblo es la voz de dios.

En este momento, los aristócratas, la burguesía, los políticos, los reyes, los monarcas y el clero de todos los sabores opta por buscar en la población el apoyo que precisa para sostener sus tinglados, es en esta época, a diferencia del Renacimiento, en el cual, sólo aquellos quienes ejercen el poder se otorgan el gusto de comprar pinturas, paisajes, escenas históricas, representaciones religiosas monumentales, o les es posible mandar hacer retratos, no, en este periodo entre la Ilustración y el Romanticismo, ya es posible para la gente común, adquirir impresos y diarios, formarse una opinión, esto lo hace por chelines o peniques, es el tiempo en el que en las ciudades, toda la población puede leer algo o al menos admirar visualmente una imagen sin tener que ir a una iglesia, y sin el ruido de ningún aparato eléctrico u electrónico, es a partir de este instante en la historia de la humanidad, que los lenguajes gráficos crearán e irán definiendo nuevos campos de comunicación a partir de estos rudimentos que son la palabra impresa, y el dibujo impreso y reproducido por cientos, las ilustraciones, las cuales literal: nos ilustran con imágenes de mundos desconocidos que poco a poco y gracias a la técnica, la tecnología, la razón y el pensamiento iremos develando.

Ocurre también, además que entre el s. XVII y el s. XVIII el auge de las publicaciones para infantes así como de textos científicos de corte naturalista, ilustrados con grabados, gestaron el entorno económico para lo que seguiría, la aparición de lo que se transformaría en cómics a finales del siglo XIX. Es también en esta época en la que se ejecutan secuencias en la pintura, algunas de estas secuencias viraron a la estampa en forma de grabados, son estos lenguajes en estos medios, quienes pavimentan el camino que dará origen al lenguaje de la narrativa gráfica que se plasma en las historietas.

Es un asunto particularmente técnico el que define a la producción gráfica de este periodo: el texto y la imagen generalmente van separados, es decir, los diálogos y lo que dicen los personajes se hace por separado, en general, pero también, palabras, nombres y motes son parte de los objetos, dentro de la estampa, el cartón, dentro de él ya se deforman a los personajes para dar lecciones morales, e interactúan entre ellos pero no todos poseen o hablan con globos con textos saliendo de su boca o narrando como lo hace una historieta, eso sí, quedan establecidos códigos de lectura entre diversos signos gráficos en una misma página, un mismo cuadro o composición.

La opinión pública, nace, espectador y partícipe de los eventos que asombran y ensombrecen a ricos y pobres, reales y parias, en las publicaciones baratas de a centavo en donde también se fragua el nacimiento de los cómics.

En este punto, debemos hacer un paréntesis, pues, como ejemplo, es en ese tiempo en el que, Jack el Destripador hizo llegar la famosa, macabra carta “From Hell”. En la novela homónima, Alan Moore decide compartir el texto que “The Punch Magazine” le dedicó al caso titulándolo: The Némesis of Neglect, con fecha del 29 de septiembre de 1888, el cual al ser publicado fue ilustrado por el artista John Tenniel.

En los impresos de notas rojas y eventos destacados se gesta una amplia base de lectores, quienes poco a poco y dependiendo de su poder de consumo, logran hacerse de impresos y textos de todo tipo desde temas religiosos y estampas sacras hasta publicaciones picarescas que atentan contra la moral conservadora imperante.


Para comprender mejor este punto, cabe destacar las figuras de dos colosos de aquellos tiempos, si bien, todos los caminos llevan a Francisco de Goya, el gran pintor español, será el inglés William Hogarth, pintor de la Ilustración, quien estipule el rigor que precisa narrar con imágenes. La diferencia entre sus edades es evidente, pero la forma en la que su trabajo modela el pensamiento que busca leer escenas para seguir y leer una historia es universal.

Hogarth, personalidad de su tiempo, construyó su carrera como un gran pintor, el Maestro que buscó desligar a la pintura inglesa de la influencia italiana y española. Sujeto cuya distinción social le otorgaba el beneficio de influenciar con su arte al pensamiento político y crítico de su tiempo. Ajeno y lejano al modo de vida religioso, Hogarth se debate desde joven en dividir su vida entre, pintar para aristócratas, burgueses, políticos, y, retratar la realidad social de su tiempo, es a a partir de esta segunda inquietud que lleva al lienzo, primero, al grabado, después, la obra llamada “El Progreso de Harlett” o en castellano, “La carrera de una Prostituta” (1731), historia en seis pinturas, las cuales narran el descenso social y moral de una joven provinciana luego de llegar a vivir a la gran ciudad, Londres. Retratar y abrazar la vida de los mendigos, los locos, las desposeídas, era su interés y gusto, le pesaba tener que sostenerse de pintar para otras esferas. De ahí surgió la idea de llevar las obras pintadas a las técnicas de reproducción en grabado para poder acrecentar el ingreso de los artistas, y, además, ubicar la posibilidad de recibir regalías de la venta de los impresos. Las pinturas originales fenecieron en un incendio, pero dado que el autor gesticulaba su obra en diversas técnicas, la secuencia existe en grabados de los cuáles existen aún copias.

Lo importante en el nacimiento del lenguaje de la narrativa gráfica es algo que hoy en día nos resulta simple, leer una secuencia, pero, en el tiempo en el que nació este recurso narrativo la gente no leía secuencias, leía misales o vitrales, retablos, libros, escritos legales, militares, jurídicos, administrativos y nada más.


Adelantado a su tiempo, el británico dedicó parte de su tiempo en despreciar con su arte a la gente arrogante, concebía que la “erudición” era fútil, burda, escasa de pensamiento, dedicaba tiempo a burlarse, igual del párroco que del político o del capitalista-burgués, sí, de los mismos a quienes igual otorgaba su talento por un buen precio, y ellos se lo pagaban. Esa es la naturaleza del pintor, caricaturista y padre de la sátira en secuencia gráfica.

Más adelante, aparecerá Francisco, será en España en la etapa que enlaza a la Ilustración y al Romanticismo, que, Goya, lleve a la estampa e igualmente a la pintura, el retrato trágico y cómico de toda una época. Todas las contradicciones de la Ilustración llevadas a la imagen que narra. Sus pinturas sobre la guerra, sus obras personales y sus series de grabados, exhiben, esbozan, critican, retratan, caricaturizan, deforman, juzgan y se burlan de todo lo aborrecible que es el hombre. En su caso específico, será una serie de pinturas que retratan, cuadro a cuadro, cómo, un párroco sorprendido por un criminal dentro de una sacristía, logra, en una escena de acción pintada, arrebatarle la escopeta y someter al bandido. La narrativa gráfica como ya hemos visto, no sostiene su poder en una sola imagen sino en su engarce para sostener un continuo en el tiempo. Las pinturas de Goya a las que nos referimos aluden a la cotidianeidad de la vida española en tiempos de Napoleón. ̈La captura del bandido El Maragato por Fray Pedro de Zaldivia ̈ es una obra realizada entre 1806 y 1807, y que consta (igual que la serie original de la prostituta de Hogarth de una serie de seis pinturas). Puede ser leída de izquierda a derecha y de arriba abajo en un perfecto orden como si fuera una página de cómic.

Es el acercamiento a una realidad dinámica lo que hace de miradas como las de los mencionados pintores, las que fueron develando nuevas y modernas maneras de acercarnos a lo que consideramos importante, lo que nos contamos y cómo nos lo contamos, tanto Hogarth como Goya encuentran en las discrepancias y contradicciones de su tiempo el espíritu con el que se insuflará a la narrativa gráfica, será una herramienta de ilustración con una buena dosis de romanticismo e idealismo, no en balde, es la historieta, el bande dessinée, los cómics quienes adelantándose a todos los medios de comunicación modernos, engendraron la chispa de lo que es el universo de cultura pop como la conocemos, además de ir de la mano con los eventos sociales, políticos, económicos, artísticos, bélicos.


Es palpable, pues, en diversos ámbitos de la comunicación y el arte, las sociedades buscaron lenguajes concisos, fluidos, cuya naturaleza fuese narrar más que retratar “Odibujar bonito”. Porque, dibujar bonito, cualquiera, narrar algo interesante o hacerlo
interesante, consta, no es para todas las personas.

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