De Lovecraft a Moore, Providence y el horror revisitado

Por Antonio A. Huelgas

Nombrar es un acto de magia, y el “Yo soy”, con el que Yahvé se presentaría ante Moisés, es siempre el inicio de un mundo, de una travesía. En Providence, Alan Moore nos devuelve los tiempos en que un joven Lovecraft se decidiría a escribir acerca de los horrores inconcebibles que podrían rondar los vastos rincones de un cosmos indiferente. Esta obra constituye el final de la trilogía Lovecraftiana de Moore, precedida por Neonomicon y The Courtyard.

Uno de los puntos más notables en la trilogía, en especial en Providence, es la documentación de fondo a la obra, no limitada a lo literario, pues abarca aspectos biográficos precisos de Lovecraft y otros autores de su círculo. En momentos podemos vislumbrar en el papel guiños a teorías en torno al origen de la Yogsothería (mejor conocida como los Mitos de Cthulhu), las relaciones del escritor con su familia y allegados, incluso su polémica sexualidad. Pero, en especial, el contraste entre el conservadurismo de sus ideas y el imaginario liminal de sus historias. A través de un relato ameno, Moore nos lleva en escalada a la locura que sus personajes enfrentarán ante un final inevitable. Todo empieza y termina en esta obra. 

La introducción en The Courtyard y Neonomicon es fascinante, pero es la antesala de lo que se construiría más adelante. Moore deconstruye la narrativa lovecraftiana a largo de su trilogía. Sin embargo, es en Providence donde todo confluye. Es la obra más extensa de todas las que Moore dedicó al tema, y su historia no es menos interesante. Nació de un intento por reconstruir una serie de relatos perdidos por el infortunio, que Moore había escrito en honor al libro de poemas de Lovecraft, Los hongos de Yuggoth, de la que sólo sobrevivió The Courtyard.  Después, en Neonomicon, lo indescriptible se lleva a lo explícito a través de la violencia y el sexo, elementos que Lovecraft siempre dejaba a la imaginación, en el mejor de los casos. Esto supone una primera transgresión a la obra del maestro de Providence, pero también un acercamiento al autor mismo, que plasmó su visión de la realidad en su trabajo. 

Cabe destacar el fantástico trabajo de Jacen Burrows en el dibujo. Sin duda, da un toque especial a los mitos de Cthulhu.

Del mito al cómic

Los acontecimientos principales transcurren entre 1919 y 1927, inicio del periodo más fructífero de Howard Philips Lovecraft y del famoso ciclo literario de Los mitos de Cthulhu.  La historia empieza con una carta de amor que se rompe. Se nos presenta a Robert Black, un periodista que, poco a poco, se va adentrando en misterios que la mente humana no debería conocer. Éste, al investigar los casos de locura y suicidio en torno a la obra Sous le Monde, de Claude Guillot, en la que, según la trama, se inspira el famoso libro de Robert W. Chambers, El Rey de amarillo. Conocemos al doctor Álvarez, sujeto muy parecido al protagonista del relato Aire frío, de Lovecraft. Éste le habla sobre el Kitab al-Hikmah al-Najmiya, el “Libro de la Sabiduría de las Estrellas”. Lo que parece una mera curiosidad, la escritura de un artículo para llenar espacio en un diario, guarda una importancia insospechada. Con esta enigmática entrevista, Black inicia su labor, en la que atravesará diferentes escenarios cuya comprensión llevarían a cualquiera a la locura. Sin embargo, Robert guarda cierta inocencia en su apego a las explicaciones racionales, a pesar de sus pesadillas. Al final del primer capítulo nos enteramos que uno de los suicidios en cuestión, fue el del amante de Robert Black, Jonathan Russell, apodado cariñosamente Lily. Éste mismo le dio a Robert una libreta de apuntes, con la cual concluirá cada capítulo del cómic. 

Constantemente recordamos la posición de Robert respecto a lo que sucede. Sus temores, pensamientos y pesares, su ingenuidad ante lo que se desenvuelve frente a él pero no es capaz de notarlo, así como la tragedia de fondo, se pueden seguir en su diario, en las notas de su investigación. Incluso, Moore agrega su propia historia del Necronomicón en una de ellas, en un seguimiento muy similar al que hizo Lovecraft con su legendario libro, en este caso con su Kitab al-Hikmah al Najmiya.

Tantas referencias podrían parecer una construcción pretensiosa, pero, en este caso, todo confluye en torno a la visión de Moore del horror cósmico. Es una relectura, un recorrido, y una reconstrucción ad hoc a un conocimiento desde el presente. Esto se refuerza con la introducción de elementos esotéricos de la mano de un creyente de la magia. Otro contraste interesante entre la visión de ambos autores. No obstante, también hay una muestra de amor a este subgénero del horror.   

El primer volumen concluye con dudas tanto para el protagonista como para los lectores. La reinterpretación que se ha dado de la existencia de seres como los Profundos, o la temible descendencia de los Whateley, remarca la incapacidad del ser humano para conocerlos. Y ese es el quid de la cuestión,  lo que nos permite conocer la realidad cósmica es tan sólo la interpretación. Una forma de leer estas historias, es entender cómo los personajes se ven ante algo que no pueden enunciar, ni entender, no les queda más que interpretar a ciegas. 

Cabe resaltar que cada viaje, cada entrevista, cada investigación del periodista, corresponde a un relato de Howard Philips Lovecraft. Ello nos deja ver el esmero de Moore por darle su lugar a cada historia, e hilarlas en esta reconstrucción del mundo lovecraftiano, al que Alan Moore le da un toque propio. Además, nuestro protagonista, Robert Black, es un hombre homosexual que debe enfrentar los tabúes de su tiempo. Es curioso pensar a Lovecraft como un sujeto conservador, que se veía a sí mismo como un caballero del siglo XVIII y no tanto como alguien de su época, y notar que no había mucha diferencia en sus ideas respecto a las de la población blanca estadounidenses de ese entonces. Claro está, que se le suele comparar con personas más allegadas al medio artístico, que, en contraposición, eran más progresistas. Esta realidad se muestra en Providence sin el menor tapujo, con ello una crítica implícita, enunciada por las consecuencias de tales prejuicios.  Y este es otro punto importante, se humaniza a varias de las criaturas, al menos a las que, en principio, deberían considerarse humanas. Un ejemplo es una pesadilla sobre un genocidio fascista contra las personas descendientes de los Profundos. Hay un tramo semejante con el resto de las historias que se entrecruzan. 

Providence. La narrativa que se entreteje

Leer Providence es como seguir un hilado. La historia va de principio a fin, de metáfora en metáfora y de referencia en referencia. Desde un inicio se ponen sobre la mesa los muchos momentos pertinentes de la obra y la vida de Lovecraft, y, conforme avanza la trama, ello se hila con lo que se había construido en Neonomicon y The Courtyard. Junto a Robert Black, atravesamos la narratología de los mitos de Cthulhu, desde sus antecedentes con el Signo Amarillo, y con ello la obra de Chambers y Bierce, hasta La soñada búsqueda de la ignota Kadath. Con cada suceso, la psique del protagonista se va derrumbando. A su vez, la catástrofe es cada vez más palpable. 

Se marca la relación entre las otras historias lovecraftianas de Moore, las historias de Lovecraft y la narración de Providence, por medio de pequeños guiños, que cobran sentido mientras se desarrolla la desventura de Black. Nombres, similitudes, algún personaje resultado de la mezcla de elementos de otros, hechos reales relacionados con los ficticios, y mucho que se deja a la interpretación del lector de manera intencional. De nuevo, el concepto clave en este cómic: Interpretación. Incluso las similitudes entre el nombre de éste con Robert Bloch, miembro del Círculo de Lovecraft, quién, al ser uno de los miembros más jóvenes, entabló una cariñosa relación con Lovecraft, al igual que lo haría el protagonista de nuestra historia.  

Es hasta los últimos capítulos, el tercer tomo en la edición recopilatoria, cuando Robert conoce a Lovecraft. Pronto establecen una amistad, que llevará a las manos de Howard las historias que hemos conocido y que darán lugar a sus relatos, basados en su visión de sucesos velados. Así, no sólo se rompe la distancia entre el lector y la obra, sino, al interior de la trama, se creará el medio para la difusión del conocimiento de los dioses Primigenios y los dioses Otros, así como de todos los monstruos que rondan el mundo en anonimato. Dichas ideas, vistas desde la magia, servirán como sigilo que romperá el sello que guarda a esas deidades. 

Este fue un primer acercamiento a Providence. Gracias por leernos. Esperamos que lo hayas disfrutado, y en especial, te haya incentivado a leer esta adaptación de la obra de Lovecraft de la mano de Moore y Burrows.   

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